Los recuerdos, como tumbas
que separan las casi ruinas,
bosquejan poemas sin
despojos,
aún en fría soledad,
iluminados en el albor de la
mañana
y sus margaritas,
letras en las deshojadas
rosas
que pegadas en hojas blancas
pasan los tiempos, pasan los
tiempos,
escribiendo, escribiendo.
Abandona mis lides
donde rinde el pensamiento,
la amada que acompaña liras
sin tonos
y se va como claras noches
de luna
que aprisiona los vientos.
Ante la soledad embriagada,
trazo de vivos colores
en el muro secular de mi
historia,
labios que dibujan la flor
de las sonrisas que riega
raíces,
oficio de los altares, y lo
divino del amor sentido.
Es lívido el destello el día
en que fuera luz misteriosa,
tal vez por ser triste esa
luz en soledad,
entonces serán mejores los
altares
vestidos de oro a mis versos
acompañados en fuego de
ensueño.
Respiro ahora hondamente,
canto, canto, mi Navidad.

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