Y FUE UNA TARDE...
En las grises soledades
que mi silencio asiste
de esos silencios que
nos profesamos sabios
se respeta más un verso
que mujer de finos labios
perdidos en la memoria
de mis más altos destinos.
He corrido a merced de
mis antojos
sin derramar heridas
contra mi conjuradas
queriendo infundir mis
temores
¡ah! que fracaso ideas
quebrantadas
en la holgada sima de
cardos y sombras.
Lágrimas santas no
olvidan el hondo contraste
de tragedias inmortales
escritos en poemas
como himnos hechos en
deíficas canciones
aradas en surcos y
trovando al embrujado sol.
En esos espectros de
dolor taciturno
solo espero amaine la
tormenta brillando mejores días
desvaneciendo las nubes
de tristeza, ¡alma mía!
El amor no calla en
melancolías
venciendo el miedo a la
altivez y enojos
ya no es de tener
mohína la frente
alejando las veras
solitarias del destino.
En los versos que talló
mi mano
grabando con el buril
su imagen desierta
esperaba triunfo en
resonante espera.
Más sin embargo, qué
puede importarme sordos oídos
esquivando las
plegarias oradas
si desde el silencio de
mi cumbre fulgir su nombre en mis poemas
eran escritos sobre
páginas de vida
en cada ángulo de mis
versos caballeros.
Letras en el agua que a
sus pies corre
queda un final sin
historia, placeres imaginados,
y deshilando el tul de
los cielos
ella deja al huir en
presuroso vuelo
el azul de su teñir
emancipado
alejando los recuerdos
de la memoria mía.
Delicadas las áuricas
espigas
como en tonadas de luz
y amor…y fue una tarde...
Jorge Mariano Camacho
Sarmiento
14-09-2015
Pamplona, Colombia.
DRA