Déjame reclinarme ante un pensamiento.
Déjame que me incline ante un
sentimiento.
Déjame que mis horas transcurran de vida
para así poder darte mi aliento.
Voy tranquilo, silencioso
por senderos sin cruzar
encerrando un beso, hálito divino,
con mis poemas en mano por escarpadas
breñas
buscando los versos escapados del redil
dejando en los zarzales ansiadas letras que
recitan al cielo
esos versos que han de partir.
No hay pena que no calme ni llanto que no
enjugue
los acasos de ayeres.
Déjame sutilmente recordarte....
Déjame arrullarte en la distancia
de mis designios.
Jorge Mariano Camacho Sarmiento
11-10-2014
Pamplona, Colombia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario