miércoles, 16 de septiembre de 2015

Y FUE UNA TARDE...

En las grises soledades que mi silencio asiste
de esos silencios que nos profesamos sabios
se respeta más un verso que mujer de finos labios
perdidos en la memoria de mis más altos destinos.

He corrido a merced de mis antojos
sin derramar heridas contra mi conjuradas
queriendo infundir mis temores
¡ah! que fracaso ideas quebrantadas
en la holgada sima de cardos y sombras.

Lágrimas santas no olvidan el hondo contraste
de tragedias inmortales escritos en poemas
como himnos hechos en deíficas canciones
aradas en surcos y trovando al embrujado sol.

En esos espectros de dolor taciturno
solo espero amaine la tormenta brillando mejores días
desvaneciendo las nubes de tristeza, ¡alma mía!

El amor no calla en melancolías
venciendo el miedo a la altivez y enojos
ya no es de tener mohína la frente
alejando las veras solitarias del destino.

En los versos que talló mi mano
grabando con el buril su imagen desierta
esperaba triunfo en resonante espera.

Más sin embargo, qué puede importarme sordos oídos
esquivando las plegarias oradas
si desde el silencio de mi cumbre fulgir su nombre en  mis poemas
eran escritos sobre páginas de vida
en cada ángulo de mis versos caballeros.

Letras en el agua que a sus pies corre
queda un final sin historia,  placeres imaginados,
y deshilando el tul de los cielos
ella deja al huir en presuroso vuelo
el azul de su teñir emancipado
alejando los recuerdos de la memoria mía.

Delicadas las áuricas espigas
como en tonadas de luz y amor…y fue una tarde...


Jorge Mariano Camacho Sarmiento
14-09-2015
Pamplona, Colombia.
DRA



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