La encontré sigilosa, pero bella,
una estatua en vida,
tenía yo, demasiados enigmas.
Percibiendo mi incierta mirada
me dijo:
“Cultívate en el caminar del hombre
y haz en su andar un poema”
Seguí su consejo garbeando en la tarde
pero solo atendí una melodía
en las neblinas del ocaso.
¿Por qué no encuentro la faz
inspiración del alma y rubricar un poema?
[Pregunté…]
La viviente estatua contestó:
“No son en las neblinas donde encuentras
el caminar del hombre”.
Sin entender aún, marché sin rumbo, caminando a ciegas
escuchando solo el crispar de la lluvia
sin ecos como el llanto de pétalos secos.
Seguí sórdido buscando un ave
fugada quizás de su morada abierta
no encontré ni las pajillas enredadas
de un nido sin alas.
Pero el poema seguía extraviado
ni en montañas, llanos y ríos
lo encontraba,
ni siquiera en las albas de mis sueños
ni en los parajes de las hojas sueltas
de aquel libro no leído.
Ya fatigado de la estéril búsqueda,
torné recostarme bajo un frondoso sauce,
mis ojos cerraron el día en momentos,
y, cuando ya el cielo cerraba la azul túnica,
repicó el sauce, en sus verdes hojas de encanto,
sonidos bellos como campanas de iglesia
ejecutando la apacible sinfonía de un poema.
Regresé a la estatua sublevando el silencio,
le recité en agitada voz:
¡En el sauce!… ¡Allí los versos adornan el árbol!
La estatua miróme en dulce fijeza, declarando:
“Es el caminar del hombre…es el poema”
…con una sonrisa en sus labios de mármol.
Jorge Mariano Camacho Sarmiento
08-09-2015
Pamplona, Colombia.
DRA
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